Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
La hipertensión no controlada es una de las principales causas de cardiopatía y accidente cerebrovascular en Estados Unidos, y se presenta con mayor frecuencia entre las poblaciones de bajos ingresos. Se produce cuando la presión arterial es demasiado alta contra las paredes de las arterias, lo que aumenta el riesgo cardiovascular. Los sistemas de salud integrados han utilizado intervenciones multifacéticas para ayudar a reducir la presión arterial, pero su eficacia en entornos con recursos limitados y poblaciones de bajos ingresos es menos conocida.
Un equipo financiado por los NIH y dirigido por la Dra. Katherine Mills en la Universidad de Tulane puso a prueba un enfoque intensivo para el control de la presión arterial en adultos de bajos ingresos mayores de 40 años. El objetivo era determinar si este enfoque podría utilizarse con éxito en clínicas de atención primaria reales.
El estudio incluyó a más de 1200 pacientes con hipertensión no controlada en 36 centros de salud federales de Luisiana y Misisipi. Las clínicas fueron asignadas aleatoriamente para continuar con la atención estándar o para implementar una estrategia multidisciplinaria en equipo. Aproximadamente la mitad de los participantes recibieron la intervención, que incluyó un seguimiento intensivo de la presión arterial y retroalimentación, asesoramiento sobre cambios en el estilo de vida y adherencia a la medicación, y monitorización domiciliaria de la presión arterial. El grupo de control recibió la atención habitual mejorada, que incluyó capacitación del personal clínico sobre las guías para el manejo de la hipertensión.
Se realizó un seguimiento a los participantes durante 18 meses con el objetivo de reducir la presión arterial sistólica (el valor máximo que refleja la fuerza de la sangre durante los latidos cardíacos) y aumentar la adherencia al programa de tratamiento. La presión arterial normal es inferior a 120 mm Hg de presión sistólica e inferior a 80 mm Hg de presión diastólica. Los resultados, publicados en el New England Journal of Medicine, podrían orientar futuras iniciativas para mejorar el control de la presión arterial en poblaciones desfavorecidas mediante estrategias de atención multidisciplinaria.