Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

La marcha atlética de 20 km es una prueba exigente que requiere que los atletas perfeccionen su técnica para evitar penalizaciones. Los competidores parten de pie y deben mantener al menos un pie en contacto con el suelo en todo momento, asegurándose de que la pierna que avanza permanezca recta desde el primer contacto hasta que pase por debajo del cuerpo. Esta técnica es supervisada minuciosamente por los jueces durante la carrera.

Los corredores avanzan por varias fases: la cuenta regresiva inicial precede al inicio de la carrera, tras lo cual los atletas establecen un ritmo constante mediante movimientos coordinados de brazos, pies y caderas. A mitad de la carrera, el ritmo implica mantener una velocidad y posición constantes con respecto a los demás competidores. En la última vuelta, la velocidad suele aumentar a medida que los atletas gastan la energía restante, lo que exige una gran atención a la técnica para evitar infracciones.

Los jueces de marcha atlética observan a los atletas a simple vista, portando paletas amarillas para advertir sobre la pérdida de contacto o las infracciones de rodillas flexionadas, y mostrando tarjetas rojas por violaciones del reglamento. Acumular tres advertencias de jueces diferentes suele resultar en la descalificación. En algunas pruebas, se utiliza un carril de penalización de dos minutos tras recibir tres advertencias.

La marcha atlética de 20 km forma parte del programa de atletismo olímpico, continuando una tradición que comenzó en los Juegos Olímpicos de 1904 con una prueba de marcha atlética de media milla.