Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
A medida que los servicios sociales y de VIH se digitalizan, la protección de la privacidad y la reducción de la brecha digital se han convertido en prioridades urgentes, según Daria Ocheret, del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA. La pandemia de COVID-19 aceleró la transformación digital de las pruebas y el tratamiento del VIH, pero también puso de manifiesto importantes desigualdades en el acceso digital entre las poblaciones afectadas.
Por ejemplo, en Zimbabue, muchas personas que viven con el VIH solo podían acceder a redes sociales y aplicaciones de mensajería debido a la limitación de datos móviles, lo que restringió el acceso a información sanitaria esencial en línea durante los confinamientos. En Kazajistán, algunos pacientes carecían de los dispositivos o los conocimientos necesarios para utilizar sistemas digitales como los códigos QR, imprescindibles para acceder a los centros de salud, como puso de manifiesto una organización local de mujeres que apoya a las personas que viven con el VIH.
La brecha digital existe no solo entre países, sino también dentro de las comunidades, dependiendo de la conectividad, el acceso a dispositivos, la fiabilidad de internet y las habilidades digitales. Grupos como las personas que viven con el VIH, las personas LGBTQI+, las trabajadoras sexuales y las personas que consumen drogas se enfrentan a distintos niveles de acceso, lo que puede generar mayores barreras sin intervenciones sistémicas.
Según ONUSIDA, las amenazas digitales, antes consideradas teóricas, se han convertido en desafíos reales. Una encuesta realizada en 2025 en 17 países reveló que la mayoría de 21 organizaciones LGBTI sufrían ciberataques reiterados, con una capacidad de respuesta limitada. La violencia digital está estrechamente vinculada a la violencia presencial, incluidos los ataques contra oficinas y refugios LGBTI.
El informe subraya que las tecnologías digitales no han incrementado la violencia, sino que ofrecen nuevos espacios donde pueden producirse daños contra poblaciones clave y organizaciones de apoyo. Este desafío se ve agravado por la continua criminalización de las relaciones entre personas del mismo sexo en unos 64 países, aproximadamente un tercio del mundo, situación que ONUSIDA se propone reducir sustancialmente.
ONUSIDA aboga por medidas sólidas de seguridad digital y soluciones sistémicas para garantizar el acceso equitativo y la seguridad en los servicios en línea relacionados con el VIH, destacando estos aspectos como componentes críticos de la respuesta mundial al VIH/SIDA.
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