Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
Científicos financiados por los NIH estudiaron cómo los azúcares glucosa y fructosa afectan a las células cerebrales que controlan el hambre en ratones, descubriendo que utilizan vías neuronales distintas. Los investigadores se centraron en las neuronas de la proteína relacionada con agouti (AgRP), que, al activarse, aumentan el hambre. El estudio halló que la glucosa disminuye la actividad de las neuronas AgRP más que la fructosa, lo que sugiere que la glucosa reduce las señales de hambre de forma más eficaz. La investigación se publicó en la revista Neuron el 10 de junio de 2026.
El equipo observó que el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, que contiene tanto fructosa como glucosa, suprimió la actividad de las neuronas AgRP más que la fructosa sola. Si bien ambos azúcares provocaron reducciones similares en el consumo total de alimentos, los ratones prefirieron los líquidos endulzados con glucosa o jarabe de maíz con alto contenido de fructosa sobre la fructosa, lo que indica que los efectos de la glucosa en las neuronas AgRP pueden influir en las preferencias alimentarias.
Investigaciones posteriores demostraron que la fructosa y la glucosa activan células diferentes en el nervio vago, que conecta el intestino con el cerebro. El bloqueo de la señalización del nervio vago impidió que la glucosa —pero no la fructosa— suprimiera la actividad de las neuronas AgRP. Estos hallazgos respaldan investigaciones previas que sugieren que las señales de glucosa viajan al cerebro a través de la médula espinal, mientras que la fructosa utiliza una vía intestino-cerebro diferente.