Nota: Reporte de una sola fuente; en espera de corroboración.

La diabetes tipo 1 puede desarrollarse durante meses o años antes de requerir tratamiento con insulina, y frecuentemente se diagnostica en situaciones de emergencia cuando surgen complicaciones graves como la cetoacidosis diabética (CAD). Esta condición es una emergencia médica peligrosa que ocurre entre el 30 y 40 % de los niños al momento del diagnóstico inicial, aunque puede presentarse a cualquier edad. En 2021, el 62 % de los diagnósticos se realizaron en personas mayores de 20 años, lo que indica que la enfermedad afecta también a adultos. Realizar pruebas de detección en personas en riesgo, como aquellos con familiares con diabetes tipo 1 o con antecedentes inmunitarios, permite identificar y tratar la enfermedad antes de que aparezcan síntomas y complicaciones graves, ayudando a prevenir emergencias médicas ya retrasar el desarrollo de problemas crónicos como enfermedades cardiovasculares y renales en adultos jóvenes.

Según el CDC, las pruebas de detección pueden comenzar desde los 2 años de edad en personas con factores de riesgo. Aunque la mayoría de quienes desarrollan diabetes tipo 1 no tienen antecedentes familiares, quienes sí los tienen tienen hasta 15 veces más probabilidades de desarrollarla. La enfermedad progresa más rápidamente en niños pequeños que en adultos, por lo que el monitoreo temprano y continuo es clave para reducir complicaciones a largo plazo.