Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

La Septuagésima Novena Asamblea Mundial de la Salud aprobó una decisión que solicita al Director General de la OMS que elabore una estrategia para la tuberculosis posterior a 2030. Esta estrategia se elaborará en consulta con los Estados Miembros y las partes interesadas pertinentes, y se presentará para su aprobación en la Octogésima Primera Asamblea Mundial de la Salud en 2028. Su objetivo es orientar la futura respuesta mundial a la tuberculosis, incorporar los avances científicos y las tendencias epidemiológicas, y alinearse con las agendas de atención primaria de salud, cobertura sanitaria universal y seguridad sanitaria mundial, de cara a la Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre la Tuberculosis de 2028.

Según el informe de la Asamblea, la ampliación del tratamiento de la tuberculosis entre 2000 y 2024 salvó aproximadamente 83 millones de vidas. En 2024 se registró el primer descenso en la incidencia de la tuberculosis desde la pandemia de COVID-19 y el mayor acceso a servicios esenciales para su tratamiento. Sin embargo, la tuberculosis sigue siendo una de las principales causas infecciosas de muerte a nivel mundial, y el progreso hacia las metas de la Estrategia para Acabar con la Tuberculosis y los Objetivos de Desarrollo Sostenible aún es insuficiente. Entre los desafíos se incluyen la financiación insuficiente crónica, las interrupciones derivadas de la pandemia, las desigualdades, los conflictos y las vulnerabilidades relacionadas con el cambio climático.

La Asamblea también aprobó una resolución que reconoce la esteatosis hepática (EH), anteriormente conocida como hígado graso, como un factor importante y creciente en la carga mundial de enfermedades no transmisibles. Se estima que la EH afecta a 1700 millones de personas en todo el mundo y se encuentra entre las causas de enfermedad hepática crónica de más rápido crecimiento. La EH está estrechamente relacionada con la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y otras afecciones metabólicas, y la enfermedad hepática asociada al alcohol también desempeña un papel importante.

La resolución insta a los Estados Miembros a integrar la SLD en las estrategias nacionales de ENT, fortalecer los enfoques de atención primaria de salud, mejorar la vigilancia y la sensibilización, y promover la acción multisectorial para abordar factores de riesgo comunes como las dietas poco saludables, la inactividad física y el consumo nocivo de alcohol. Asimismo, solicita un mayor acceso a los servicios de prevención, detección, diagnóstico y tratamiento, en particular para las poblaciones en riesgo, incluidos los niños y adolescentes. Se solicita a la OMS que preste apoyo técnico e incorpore la SLD en los esfuerzos en curso para el control de las ENT.

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