Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

Los incendios forestales en Europa y América del Norte están generando humo que viaja entre países y continentes, exponiendo a millones de personas a una contaminación atmosférica perjudicial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS advierte que el cambio climático, las olas de calor prolongadas, la sequía y los cambios en la gestión de la tierra están aumentando la frecuencia e intensidad de los incendios forestales, lo que incrementa la exposición al humo como un problema de salud pública. Si bien muchos incendios son causados ​​por la actividad humana, las condiciones más cálidas y secas debido al cambio climático hacen que la ignición y la propagación del fuego sean más probables.

El humo de los incendios forestales contiene una mezcla de gases y partículas finas liberadas por la quema de vegetación, edificios y otros materiales. Los incendios en áreas urbanas o industriales pueden liberar contaminantes tóxicos adicionales. Las partículas finas, conocidas como PM2.5, son especialmente preocupantes porque pueden penetrar profundamente en los pulmones y entrar en el torrente sanguíneo, causando síntomas como tos, irritación de ojos y garganta, dolores de cabeza, sibilancias y dificultad para respirar, además de empeorar el asma y otras afecciones crónicas.

Entre las personas más vulnerables a la exposición al humo se encuentran los bebés y los niños pequeños, los adultos mayores, las mujeres embarazadas, las personas con discapacidad y quienes viven en viviendas con aislamiento deficiente. Los socorristas y los trabajadores al aire libre también enfrentan mayores riesgos debido a la exposición prolongada. La OMS también destaca las repercusiones psicológicas de los incendios forestales, como el estrés, la ansiedad y el trauma durante y después de estos eventos.

Para reducir la exposición, la OMS recomienda monitorear las alertas de calidad del aire y seguir las directrices oficiales, incluso si no hay incendios cerca. Se recomienda permanecer en interiores con puertas y ventanas cerradas durante la presencia de humo denso, a menos que se indique la evacuación. Cuando sea necesario salir al exterior, usar una mascarilla FFP2 o N95 que ajuste bien puede ayudar a reducir la inhalación de partículas nocivas. Las personas con afecciones cardíacas o pulmonares, las mujeres embarazadas y quienes presenten dificultades respiratorias deben buscar atención médica de inmediato.