Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha instado a la comunidad internacional a no pasar por alto a los más de 1,2 millones de refugiados rohingya que residen en Bangladesh, principalmente en campamentos en Cox's Bazar. Este llamamiento coincide con el noveno aniversario de la mayor afluencia de rohingya que huían de la violencia en el estado de Rakhine, en Myanmar, en 2017.

En Ginebra, el portavoz del ACNUR, Babar Baloch, advirtió que la drástica disminución de la financiación humanitaria y para el desarrollo amenaza los servicios esenciales para esta población. Desde 2017, el apoyo de los donantes y del gobierno de Bangladesh ha sido fundamental para proporcionar asistencia alimentaria, atención médica, educación y protección. Sin embargo, persisten importantes necesidades insatisfechas y la situación podría empeorar sin ayuda continua.

En 2026, la ONU y sus socios, incluido el Gobierno de Bangladesh, hicieron un llamamiento por 710,5 millones de dólares para atender las necesidades urgentes tanto de los refugiados como de las comunidades de acogida. Esta cifra es un 26 % inferior a la solicitada el año anterior, lo que refleja una asignación específica a prioridades críticas en un contexto de creciente demanda mundial y recursos limitados.

Los refugiados rohingya dependen en gran medida de la ayuda externa debido a sus limitadas oportunidades de subsistencia. Los grupos vulnerables, como las mujeres, las niñas, las personas mayores y las personas con discapacidad, se ven especialmente afectados por la falta de financiación. La situación se ha agravado aún más para los aproximadamente 150 000 nuevos refugiados que llegaron desde principios de 2024 tras la reanudación de la violencia en el estado de Rakhine.

Las restricciones de acceso y la escasez de fondos han dejado a las comunidades sin servicios básicos como alimentos, agua potable y atención médica. Ante el conflicto y la inseguridad persistentes en Myanmar, el ACNUR afirma que las perspectivas de un retorno seguro para los refugiados siguen siendo escasas. Muchos rohingya recurren a peligrosas travesías marítimas en busca de mejores condiciones en la región; se ha informado que 2025 fue el año más mortífero registrado para este tipo de travesías.

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