Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
Décadas de creciente actividad espacial han generado una importante huella ambiental, y cada lanzamiento contribuye a la acumulación de desechos espaciales. Jason Jabbour, funcionario superior del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, subraya que la consideración temprana de la sostenibilidad en los programas espaciales es fundamental para comprender y mitigar los impactos a largo plazo.
Se estima que unos 140 millones de fragmentos de basura espacial de más de un milímetro orbitan la Tierra. Si bien la mayoría de estos fragmentos son demasiado pequeños para ser rastreados, aún representan una amenaza para los satélites y las naves espaciales. Entre estos desechos se incluyen satélites fuera de servicio y secciones de cohetes, algunos de los cuales permanecen en órbita durante años antes de fragmentarse o caer de nuevo a la Tierra.
Cuando estos objetos reingresan a la atmósfera, se liberan metales como aluminio, litio y cobre. Los científicos están examinando si estas emisiones podrían afectar la química atmosférica, la formación de nubes y la capa de ozono. Los elementos más pequeños relacionados con la misión, como tornillos y tapas de lentes, aumentan la congestión orbital, y las colisiones continuas generan partículas microscópicas que pueden aumentar el brillo del cielo nocturno.
La mayoría de las naves espaciales se desintegran al reingresar a la atmósfera, pero los componentes más grandes y resistentes al calor pueden alcanzar la superficie terrestre, lo que representa un riesgo para las personas, la infraestructura y la vida marina. Esta preocupación surge a raíz del creciente interés en la exploración lunar, que la ONU destaca en el Día Internacional de la Luna para resaltar la importancia de la Luna y los desafíos ambientales de la actividad espacial.
La influencia gravitacional de la Luna sustenta los ecosistemas terrestres al generar mareas que oxigenan las aguas costeras y transportan nutrientes, lo que permite la existencia de entornos marinos como la Gran Barrera de Coral. El estudio de la Luna también ofrece información valiosa sobre los orígenes y la evolución del sistema solar a medida que avanza la exploración lunar.