Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) financian una iniciativa de 21 millones de dólares para desarrollar métodos computacionales que permitan modelar y simular la homeostasis hormonal: los procesos de autorregulación de las hormonas humanas. La Iniciativa de Modelado Computacional de la Homeostasis Hormonal busca mejorar la comprensión de cómo el sexo influye en la respuesta al tratamiento y la toxicidad de los fármacos.

La actividad hormonal difiere significativamente entre hombres y mujeres, lo que afecta la dosificación de los fármacos, los resultados del tratamiento y la toxicidad. Los modelos matemáticos y animales existentes no logran capturar adecuadamente estas variaciones específicas de cada sexo, lo que genera la necesidad de modelos computacionales mejorados, basados ​​en datos humanos. Los nuevos modelos pretenden reflejar mejor la compleja fisiología tanto de hombres como de mujeres mediante el uso de técnicas computacionales avanzadas.

Las hormonas sexuales influyen en múltiples tejidos y sistemas, más allá de los órganos reproductores, incluyendo los pulmones, los huesos y el sistema inmunitario. Las fluctuaciones en la homeostasis hormonal durante la pubertad, el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia pueden provocar cambios sistémicos. Esta iniciativa hace hincapié en la investigación de estas fluctuaciones a lo largo de la vida para maximizar los beneficios terapéuticos y clínicos.

El programa financiará proyectos que utilicen técnicas computacionales innovadoras, como el aprendizaje automático interactivo, modelos multiescala, modelos mejorados con IA, modelos basados ​​en la física de la respuesta al estrés mecánico y la remodelación tisular, y gemelos digitales (réplicas virtuales de sistemas biológicos). Estas herramientas se desarrollarán para evaluar la eficacia y la toxicidad de fármacos y terapias de forma diferenciada por sexo.

Según funcionarios de los NIH, tener en cuenta el sexo como variable biológica y ampliar el conocimiento sobre las relaciones entre hormonas y terapias a lo largo de la vida podría mejorar las pruebas de fármacos y productos biológicos, y facilitar la traslación de la investigación a aplicaciones clínicas.

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