Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
La Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (CEPE) informa que más de 434.000 hectáreas se han quemado en Europa en lo que va del año, un resultado cada vez más predecible del calentamiento global. Paola Deda, directora de la División de Medio Ambiente y Bosques de la CEPE, destacó que, si bien la respuesta ante emergencias es crucial, la prevención y la gestión forestal sostenible ofrecen las mejores oportunidades para fortalecer la resiliencia de los paisajes y las comunidades.
Se ha producido una importante destrucción forestal en la región francesa de la Gironda, donde se han quemado unas 42.000 hectáreas de pinar, obligando a decenas de miles de residentes y turistas a evacuar. En España, se han quemado más de 200.000 hectáreas —casi el doble de su promedio histórico—, lo que convierte a esta en una de las peores temporadas de incendios forestales de las últimas décadas. Al parecer, la crisis de incendios forestales se está extendiendo hacia el este de Europa, y Grecia e Italia se enfrentan a riesgos cada vez mayores debido al calor, la sequía y los fuertes vientos persistentes.
En Norteamérica, Estados Unidos ha reportado alrededor de 1.849.000 hectáreas quemadas, mientras que Canadá ha sufrido más de 4.000 incendios forestales que han consumido 3.770.000 hectáreas, con muchos incendios de gran magnitud aún sin controlar. Los incendios forestales no solo destruyen bosques, sino que también amenazan hogares, infraestructuras y medios de subsistencia, obligando a evacuar rápidamente a comunidades enteras. Además, las emisiones de humo pueden afectar la calidad del aire a grandes distancias, lo que supone riesgos para la salud.
La Unión Europea estima que los incendios forestales cuestan aproximadamente 2.500 millones de euros anuales debido a los daños en las infraestructuras, la pérdida de ingresos por turismo y las perturbaciones económicas generales. Más allá de los daños inmediatos, las comunidades afectadas se enfrentan a desafíos constantes como la degradación de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad, la reducción de la productividad agrícola, los efectos en la salud y los costosos esfuerzos de restauración.
La actividad humana es la principal causa de incendios forestales, responsable de aproximadamente nueve de cada diez incidentes por negligencia o actos deliberados. Esto pone de manifiesto el gran potencial de prevención mediante la sensibilización pública, medidas regulatorias, restricciones temporales al fuego durante periodos de alto riesgo y un comportamiento responsable en áreas naturales. Además, el cambio climático intensifica la gravedad de los incendios forestales al aumentar las temperaturas, prolongar las sequías, intensificar las olas de calor y alterar los patrones de lluvia.
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