Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
Europa es el continente que se calienta más rápidamente, con temperaturas que aumentan aproximadamente al doble del promedio mundial. Esta tendencia ejerce una presión creciente sobre los servicios sanitarios y sociales, así como sobre las comunidades que se enfrentan a olas de calor más frecuentes e intensas. Datos de cinco países indican cerca de 10.000 muertes adicionales vinculadas al calor extremo durante el período estival que abarca el informe. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las olas de calor son una amenaza urgente y creciente para la salud pública, impulsada por el cambio climático y agravada por la urbanización y el envejecimiento de la población, lo que conlleva un rápido aumento de las enfermedades y las muertes. El director regional de la OMS para Europa, el Dr. Hans Kluge, informó que más de 200.000 vidas se han perdido a causa del calor en los últimos cuatro años, con un aumento del 30 % en la mortalidad relacionada con el calor en las últimas dos décadas. Hizo hincapié en que estas muertes se pueden evitar mediante medidas de protección como alertas tempranas, refrigeración urbana, acceso a agua y sombra, atención a las poblaciones vulnerables y preparación de los sistemas de salud antes de que se produzcan los picos de temperatura.
La OMS ha publicado directrices para ayudar a los países a fortalecer los Planes de Acción para la Salud ante el Calor (PASC). Estos planes vinculan las alertas meteorológicas con intervenciones de salud pública, como la divulgación a grupos vulnerables, la provisión de espacios con aire acondicionado, la planificación de la capacidad hospitalaria ante picos de demanda y la difusión de consejos claros de salud pública. La organización destaca la necesidad de fortalecer la resiliencia de los centros de salud, ya que las olas de calor pueden saturar los hospitales que quizás no estén bien equipados para gestionar temperaturas elevadas. Las zonas urbanas son especialmente vulnerables debido a la retención de calor causada por la densa construcción, lo que hace que los hospitales sean más susceptibles al sobrecalentamiento, a fallos en el suministro eléctrico y la refrigeración, y a un mayor estrés y agotamiento entre el personal y los pacientes.
El hospital Buhuși de Rumania se cita como ejemplo, ya que creó una zona de enfriamiento designada para pacientes con insolación, ofreciendo agua fría y capacitando al personal médico para reconocer los primeros síntomas del agotamiento por calor. El hospital también ha solicitado financiación para instalar un sistema de refrigeración de alta eficiencia para todo el edificio.
La OMS apoya estas adaptaciones a través de la Iniciativa de Seguridad Hospitalaria, que utiliza el Índice de Seguridad Hospitalaria para evaluar si las instalaciones sanitarias pueden seguir funcionando durante emergencias, incluidos los episodios de calor extremo.