Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
Según las Naciones Unidas, Afganistán se enfrenta a una crisis humanitaria cada vez más grave, provocada por una sequía severa, la desnutrición generalizada y el desplazamiento masivo de personas.
Casi 22 millones de personas en todo el país necesitan asistencia ante el rápido deterioro de las condiciones. En la provincia de Bamyan, la escasez de agua ha provocado la pérdida de cosechas, obligando a cerca de la mitad de la población de algunas aldeas a abandonar sus hogares. Quienes permanecen en sus hogares a menudo no pueden costearse la partida y sobreviven con alimentos limitados, como cáscaras de patata en mal estado cocinadas en sopa, según Olga Cherevko, de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
Se estima que 3,7 millones de niños en Afganistán sufren desnutrición aguda. Muchos casos no reciben tratamiento porque los síntomas no se reconocen a tiempo para una intervención eficaz. Las clínicas apoyadas por la ONU trabajan para identificar y ayudar a estos niños, al tiempo que conciencian a la población en zonas remotas.
La situación se complica aún más por la difícil situación de las personas repatriadas forzosamente. La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) informa que alrededor de 8.000 personas fueron repatriadas a Afganistán en una sola semana, muchas de las cuales nunca han vivido en el país y enfrentan enormes dificultades para satisfacer sus necesidades básicas.
El llamamiento de la ONU para recaudar 1.700 millones de dólares sigue estando muy por debajo de los fondos necesarios, ya que solo se ha recibido el 14%, lo que dificulta los esfuerzos para atender las necesidades urgentes. La situación en las zonas remotas se describe como insostenible, con la vida gravemente afectada por la sequía, el desplazamiento y la inseguridad alimentaria.