Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

El sismo de magnitud 7,4 sacudió Colombia el 10 de agosto, dejando más de 300 muertos, 426 desaparecidos y más de 4.500 heridos en 472 municipios de 15 departamentos, según cifras gubernamentales citadas por agencias de la ONU. El terremoto dañó más de 134.000 viviendas y destruyó cerca de 30.000, además de afectar al menos 413 carreteras, lo que dificultó el acceso a algunas comunidades. Las agencias humanitarias solicitan 148,1 millones de dólares para llegar a 671.000 personas en las zonas más afectadas, incluidas Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Caldas.

Jean-Philippe Antolin, especialista en respuesta humanitaria y recuperación de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de la ONU, informó desde Quibdó, capital del Chocó, que algunas comunidades permanecen inaccesibles o solo han sido visitadas una vez, con necesidades urgentes persistentes. Las familias enfrentan condiciones de vivienda inseguras, lo que lleva a muchas a dormir al aire libre por temor al colapso de las estructuras. Se han identificado aproximadamente 71 sitios de alojamiento colectivo temporal que albergan a unas 4700 personas en los departamentos afectados, mientras que muchas otras permanecen con familiares o en refugios improvisados. Antolin enfatizó la necesidad de evitar concentrar la ayuda únicamente en los sitios de refugio.

Las recientes lluvias torrenciales en zonas afectadas como Pereira, Buenaventura y Quibdó han empeorado las condiciones de vida, aumentando el riesgo de enfermedades transmitidas por vectores como el dengue y enfermedades diarreicas y respiratorias debido al agua contaminada. Al menos 50 hospitales han reportado daños graves, y los servicios esenciales, incluyendo electricidad, agua, oxígeno, suministros médicos y transporte, se han visto interrumpidos, lo que sobrecarga aún más los servicios de salud.