Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
Desde el año 2000, los grupos del crimen organizado han sido vinculados a aproximadamente 95.000 homicidios anuales, una cifra comparable al promedio anual de muertes por conflictos armados, estimado en alrededor de 92.000 a nivel mundial. A pesar de estas cifras similares, el crimen organizado recibe mucha menos atención internacional, según las Naciones Unidas.
El secretario general de la ONU, António Guterres, destacó que el crimen organizado transnacional socava la gobernanza, fomenta la corrupción y propaga la violencia, la anarquía, la muerte y la destrucción. Estas consecuencias van más allá de las estadísticas y afectan a innumerables vidas.
La experiencia de Mary, víctima de trata de personas en Benin City, Nigeria, refleja esta realidad. Con la esperanza de conseguir un empleo legítimo, fue obligada a la explotación y sufrió violencia sexual. Mary habló de un trauma psicológico duradero, pero también expresó su esperanza de acceder a la educación y al trabajo. Muchas sobrevivientes comparten tanto un trauma profundo como una frágil esperanza.
El crimen organizado suele operar dentro de las comunidades, las economías e incluso las instituciones legítimas, influyendo en las dinámicas de poder locales y, en ocasiones, rivalizando con la autoridad estatal. Investigaciones de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito indican que las redes delictivas organizadas son responsables de aproximadamente una quinta parte de todos los homicidios intencionales en el mundo, cifra que asciende a casi la mitad en algunas partes del hemisferio occidental.