Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

Mariyam Tadein tenía 21 años cuando fue condenada a muerte en el sur de Tailandia después de que las autoridades encontraran más de medio millón de pastillas de "yaba" en la casa que alquilaba. Aunque declaró que las drogas no eran suyas, fue acusada de narcotráfico y recibió una sentencia de muerte, mientras que otra persona fue ejecutada mediante inyección letal. Mariyam pasó dos años en el corredor de la muerte con un cartel que decía "Pena de muerte" y enfrentó la amenaza de ejecución durante ocho años antes de aceptar su destino durante un curso de entrenamiento especial diseñado para preparar a los reclusos para la ejecución.

Durante una gran inundación, Mariyam fue trasladada a otra prisión, donde se enteró de que, junto con otras ocho mujeres, había recibido un indulto real que la salvó de la ejecución. Aunque aliviada de estar viva, esperaba pasar el resto de su vida en prisión. Para sobrellevarlo, se centró en aprender a coser y participó en trabajos penitenciarios, encontrando significado en la repetición y el detalle de los patrones de tela. Estas actividades le otorgaron privilegios, como ducharse más tarde, y la ayudaron a sobrellevar las dificultades de vivir con otras 4000 mujeres.

Mariyam enfrentó nuevas dificultades cuando cesaron las visitas familiares y su esposo se volvió a casar. Decidió no centrarse en su pasado ni en sus pérdidas personales, sino que se concentró en su trabajo en prisión y en el diseño de telas para mantener su fortaleza mental. Un momento significativo ocurrió durante el tsunami de 2004, cuando le asignaron la tarea de coser bolsas de tela para los cadáveres, lo que marcó una conexión entre los patrones de la vida y la muerte.