Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
Durante la Semana de Redes y Alianzas Humanitarias (HNPW) de 2026, una sesión exploró formas de integrar mejor la cultura en las respuestas de emergencia, basándose en las experiencias de Ucrania, Gaza, Colombia, Camerún y Grecia. La cultura se considera cada vez más un activo estratégico para una respuesta a las crisis inclusiva y sostenible, y el patrimonio vivo desempeña un papel fundamental en el fortalecimiento de la identidad y el restablecimiento de la normalidad tras las crisis.
El desplazamiento interrumpe la transmisión de las prácticas culturales, pero la UNESCO apoyó un proyecto en Rumania, entre 2023 y 2025, titulado «Enseñanza y aprendizaje comunitario del patrimonio vivo de Ucrania en Rumania». Esta iniciativa involucró a más de 1500 niños y familias ucranianas desplazadas mediante talleres diseñados para transmitir prácticas tradicionales y reforzar la identidad cultural, demostrando cómo el patrimonio vivo puede ser fuente de resiliencia y cohesión social. Un antropólogo participante señaló que esto animó a los países vecinos a evaluar las necesidades de las comunidades ucranianas desplazadas.
En Grecia, la UNESCO proporcionó a los trabajadores humanitarios herramientas prácticas para integrar el patrimonio vivo en su labor diaria. Las comunidades desplazadas identificaron y transmitieron prácticas culturales tradicionales, como danzas, relatos y tradiciones culinarias, a los miembros más jóvenes. Se informó que este enfoque mejoró la confianza y la comunicación al facilitar la comprensión de los antecedentes culturales entre los actores humanitarios.
En el campamento de refugiados de Minawao, en Camerún, que acoge a más de 80.000 personas que huyen del conflicto en el noreste de Nigeria, la UNESCO organizó talleres donde los participantes debatieron sobre el patrimonio vivo como parte de la recuperación colectiva. Entre las soluciones prácticas propuestas se incluyeron el aprendizaje intergeneracional, la documentación y los espacios culturales compartidos para salvaguardar las prácticas culturales y fomentar la cohesión entre los refugiados y las comunidades de acogida.