Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

Según Izumi Nakamitsu, la máxima responsable de desarme de la ONU, las armas utilizadas durante los conflictos a menudo permanecen sin control posteriormente, ocultas o traficadas a través de las fronteras, perpetuando la violencia mucho después de que terminen las guerras.

Entre las preocupaciones emergentes se encuentran las armas fantasma —armas de fuego ensambladas a partir de piezas o kits sin números de serie— que son prácticamente imposibles de rastrear para las autoridades. Los avances en la tecnología de impresión 3D permiten ahora producir componentes o incluso armas de fuego completas fuera de los sistemas regulatorios tradicionales, lo que facilita la fabricación ilícita y dificulta su rastreo.

Las armas pequeñas, como pistolas y fusiles de asalto, y las armas ligeras, incluyendo lanzagranadas y ametralladoras portátiles, son económicas, duraderas y fáciles de usar, lo que contribuye a su prolongada circulación. La fácil disponibilidad de munición mantiene su uso en conflictos, delitos y terrorismo.

Un ejemplo citado es Libia, donde las armas saqueadas durante y después del conflicto de 2011 aparecieron posteriormente en toda la región del Sahel, incluyendo Níger, Burkina Faso y Nigeria. Algunas terminaron en manos de grupos extremistas, lo que ilustra cómo las armas de un conflicto pueden desestabilizar regiones vecinas años después.