Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.
El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) es el más mortífero en la historia del país, con 5290 casos y 2516 fallecimientos reportados por las autoridades sanitarias hasta el 21 de agosto de 2026. La tasa de letalidad se sitúa en el 47,6%, con 1152 recuperaciones y cerca de 840 pacientes aún aislados u hospitalizados. El seguimiento de contactos es del 82,9%, según los datos más recientes.
El coordinador superior de la ONU para el Ébola, Julien Harneis, advierte que la enfermedad se está propagando exponencialmente. La mitad de todas las muertes reportadas ocurrieron en los últimos 20 días, y el brote ahora afecta un área mayor que Francia, expandiéndose más rápido que la respuesta al Ébola. El brote se concentra en seis provincias orientales: Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uélé, Tshopo y Bas-Uélé.
Harneis describió las condiciones como "brutales", citando ataques de jóvenes contra trabajadores sanitarios, incendios y apedreamientos de ambulancias, y asaltos a centros de salud. El brote ha afectado gravemente al personal sanitario de primera línea: 160 profesionales de la salud contrajeron el ébola y 43 fallecieron.
Los problemas logísticos dificultan aún más las labores de respuesta. Los desplazamientos dentro de la región son lentos; un viaje reciente de 60 kilómetros duró tres horas. En las provincias afectadas, que han sufrido décadas de violencia, escasean los servicios sociales esenciales. La deficiente infraestructura bancaria complica los pagos a los trabajadores y limita los recursos necesarios para la respuesta.
La financiación es críticamente baja, y el apoyo financiero actual solo está garantizado para unas pocas semanas más. Harneis recalcó que cada retraso en la financiación y la intervención aumenta la letalidad y el costo de la epidemia. Los responsables de la ONU solicitan urgentemente asistencia internacional inmediata para contener el brote y apoyar a las comunidades afectadas.