Nota: Informe de una sola fuente; pendiente de corroboración.

Najla Nassif Palma, Defensora de los Derechos de las Víctimas de las Naciones Unidas, ha pedido a los Estados Miembros que adopten medidas más contundentes para apoyar a las personas que han sobrevivido a la explotación y el abuso sexual por parte del personal de la ONU. Tras la publicación de su informe anual 2024-2025, hizo hincapié en la necesidad de garantizar que las víctimas sean escuchadas y reciban asistencia y justicia.

El mandato de la Sra. Nassif Palma, establecido por el Secretario General de la ONU, António Guterres, en 2017, prioriza un enfoque centrado en las víctimas en todo el sistema de las Naciones Unidas. Este enfoque se centra en la prevención, la respuesta y la rendición de cuentas, teniendo en cuenta las perspectivas de los sobrevivientes. En dos años, ha visitado más de diez países, dialogando directamente con los sobrevivientes para comprender sus experiencias y prioridades.

La Sra. Nassif Palma destacó que escuchar directamente a las víctimas es fundamental y guía su labor de defensa. Su oficina colabora con los Oficiales Superiores de Derechos de las Víctimas y los Puntos Focales de Derechos de las Víctimas sobre el terreno para conectar a los sobrevivientes con atención médica, apoyo psicosocial, asistencia legal, educación y oportunidades de sustento.

El informe describe los avances logrados en la ampliación de la asistencia a las víctimas y a los niños nacidos de la explotación y el abuso, incluyendo el acceso a apoyo educativo, capacitación y actividades generadoras de ingresos para ayudarles a recuperar su independencia y dignidad. Más entidades de la ONU y misiones de mantenimiento de la paz, como la MINUSCA, la MONUSCO y la UNMISS, han destinado recursos específicos a la asistencia a las víctimas.

La Sra. Nassif Palma destacó las mejoras en la forma en que la ONU escucha a las víctimas e incorpora sus voces en las decisiones que las afectan. Asimismo, subrayó la importancia de las alianzas con organizaciones de la sociedad civil, en particular con grupos liderados por mujeres que trabajan directamente con sobrevivientes a nivel comunitario, para garantizar que las experiencias de los sobrevivientes influyan en las políticas y los programas de la ONU.